En la cima de la montaña el cabello de Mila pertenece al viento. Los dos, de pie y tomados de la mano, estáticos y firmes, observan la atmósfera que, arriba de la metrópoli, es tan clara que se distinguen los detalles. Perciben cómo los miles de sentimientos de sus habitantes atraviesan sus cuerpos, como si subieran en nubes y los pudieran inhalar. Actores, frustrados de no ser apreciados. Compositores en estudios, mezclando la futura música de moda. Hay en esa urbe un corazón roto y uno apenas reconstruyéndose, levantando sus partes del suelo. Un hijo naciendo y un viejo muriendo. Los dos está alertas y sintieron escalofríos cuando se dan cuenta de que, de adentro de ellos, también se escapa algo de energía y se va por detrás, volando, dispuesta a compartirse con todos los seres del planeta.

El encuentro de los peces Koi.

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