Propongo que dejemos de ser tan permisivos con nosotros mismos y con los demás. Hoy, más que nunca, es tiempo de poner manos a la obra.

Aunque definitivamente una de las cosas más importantes en esta vida es ser feliz, es igualmente importante no dejar de cuestionarnos a costa de qué o de quién lo somos.

Te has preguntado alguna vez en dónde se hizo la ropa que te pones o cuánto le pagaron a los que la hicieron. ¿Te has cuestionado que tipo de vida tuvo el animal del que utilizaron su piel para hacer tus zapatos? Aplicar esa misma pregunta a todo lo que consumes no es difícil. Es imperativo que seamos mucho más conscientes de nuestros actos. Cosas simples, diarias, a veces casi invisibles. Dejemos atrás esa idea pasiva y protectora de que, no haciendo daño a nadie y siendo felices es como contribuimos al mundo. Eso ya no es suficiente.

Pongamos manos a la obra, solo tres cambios en tu vida diaria son una contribución al progreso.

Les comparto un documental que cambió la forma en la que consumo vestimenta para toda mi familia.

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